
El país no comenzó con una revolución
Un relato político puede producir una desaparición sin destruir un solo archivo: basta con omitir sistemáticamente lo que existía antes de la fecha que desea celebrar. En educación, esa operación transforma a maestros, funcionarios y proyectos anteriores en una prehistoria sin capacidad de iniciativa. La organización que llega al poder aparece entonces como creadora de una sociedad que llevaba tiempo intentando construirse.
La Palabra Compartida recupera en Arturo es el hombre la actuación educativa de Uslar Pietri y el trabajo de funcionarios de la etapa posterior a Gómez. Su lectura permite discutir una continuidad que el relato de ruptura puede dejar fuera. La reivindicación debe comenzar con nombres, fechas y responsabilidades, no con la inversión de una consigna que atribuya toda la obra al héroe preferido.
La ley de 1940 y el trabajo previo
La Fundación Casa Uslar Pietri sitúa su nombramiento como ministro de Educación en 1939 y registra la aprobación de la ley de 1940 tras años de discusión. Su cronología señala la colaboración con una comisión redactora. La referencia es decisiva: hubo un proceso institucional y un equipo, además de la intervención de un ministro.
El episodio de La Palabra Compartida destaca orientación vocacional, atención a capacidades y relación entre aprendizaje y actividades productivas. Aquí esos elementos se presentan como la interpretación del programa sobre la reforma. No se transforman en una afirmación de que todas las escuelas aplicaron uniformemente cada propuesta ni en una medición de resultados que no acompaña a la transcripción.
Enseñar para conocer y hacer
La relación entre educación y país productivo ocupa un lugar importante en esa lectura. Formar no consistía únicamente en transmitir contenidos separados de la vida. También implicaba acercar al estudiante a actividades, oficios y problemas del entorno. La pregunta conserva actualidad: qué puede hacer una persona con lo que aprende y qué comprensión del país desarrolla durante su formación.
Ese enfoque no obliga a reducir la enseñanza a entrenamiento laboral. Lenguaje, ciencia, historia y cultura permiten juzgar lo que se hace y elegir entre alternativas. La educación útil necesita amplitud y exigencia. Una escuela puede enseñar un oficio y también formar criterio; puede abrir oportunidades sin convertirse en un instrumento para clasificar ciudadanos según la conveniencia de un proyecto político.
Recuperar la continuidad para exigir resultados
La crítica de MVGA al relato partidista no consiste en negar toda ampliación posterior. Consiste en impedir que una expansión de matrícula borre lo anterior o sirva para evitar preguntas sobre calidad. También exige que la ley de 1940 pueda discutirse, incluyendo sus límites y controversias. Reivindicar una obra no la exime de examen: le devuelve el derecho a ser conocida antes de ser juzgada.
La educación pertenece a una historia de maestros, familias, estudiantes y administradores que ninguna organización puede apropiarse entera. Reconocer ese trabajo permite discutir el país con más memoria y menos propaganda. Venezuela necesita saber qué capacidades construyó, cuáles perdió y qué decisiones las afectaron. Un sistema educativo que enseña a borrar sus propios antecedentes comienza traicionando una de sus responsabilidades fundamentales.
Fuentes y referencias
- La Palabra Compartida #18 · Arturo es el hombre
- La Palabra Compartida #21 · El Trienio Adeco, parte I
- Fundación Casa Uslar Pietri · Cronología
- Fundación Casa Uslar Pietri · Biografía
