Ilustración editorial para 18 de octubre de 1945: una ruptura y una promesa

Una transición que llegó a un cuello de botella

La caída de Isaías Medina Angarita no ocurrió en un vacío. Desde 1936, Venezuela había ampliado espacios políticos y sociales después de la muerte de Juan Vicente Gómez. Eleazar López Contreras impulsó una apertura limitada; Medina legalizó la actividad de partidos que habían estado proscritos, reformó instituciones, promovió cambios en la política petrolera y laboral y permitió más competencia. Bajo su gobierno también se disolvieron sindicatos en 1944, una medida que enfrentó al Ejecutivo con sectores obreros y partidos. La presidencia todavía no se elegía por sufragio universal, directo y secreto. Esa combinación —apertura y restricciones— describe mejor el período que presentarlo como una democracia ya consolidada o como una dictadura cerrada.

La sucesión presidencial volvió visible ese límite. En julio de 1945, Medina y Acción Democrática habían aceptado respaldar a Diógenes Escalante como candidato, con la expectativa de una reforma electoral. La enfermedad de Escalante derrumbó ese acuerdo; la candidatura de Ángel Biaggini no reunió consenso y AD la rechazó. A la vez, oficiales jóvenes tenían agravios propios sobre ascensos, sueldos, equipamiento y su lugar en las Fuerzas Armadas. La historiografía registra, por tanto, una coalición de intereses civiles y militares, no una causa única.

Ese contexto explica la presión por el voto directo. No convierte en inevitable el golpe ni prueba que la vía constitucional estuviera agotada. El capítulo de Steve Ellner para Cambridge resume la controversia historiográfica: sus críticos destacan que López y Medina habían abierto una democratización gradual y que el 18 de octubre devolvió a los militares a la política; sus defensores objetan el carácter restringido del sistema electoral y la persistencia de prácticas oligárquicas. La disputa debe mostrarse al lector, sin usarla para borrar el hecho de la ruptura.

Lo que ocurrió

La entrada de Fundación Empresas Polar, de Manuel Caballero, describe el golpe como una rebelión cívico-militar dirigida por oficiales jóvenes aliados con dirigentes de AD. Una entrada diplomática estadounidense del 21 de octubre informa que la Junta había asumido el poder ejecutivo, que Rómulo Betancourt la presidía y que prometía crear un procedimiento electoral y entregar el mando a un gobierno constituido mediante elecciones libres. Es una fuente contemporánea para conocer el anuncio de la Junta; por sí sola no prueba que sus promesas se cumplieran ni ofrece una crónica completa de los combates.

Llamarlo «revolución» reproduce el nombre que sus partidarios dieron al movimiento; llamarlo «golpe» identifica el mecanismo con que fue derrocado un presidente en funciones. Ambas palabras dicen algo, pero ninguna sustituye la explicación. La alianza fue cívico-militar, y los oficiales no fueron actores decorativos: entre ellos estaban Marcos Pérez Jiménez y Carlos Delgado Chalbaud, figuras que volverían a protagonizar el golpe de 1948. La experiencia de 1945 fortaleció la participación política de las Fuerzas Armadas y dejó una fractura institucional que no desapareció con la elección de 1947.

La promesa democrática

El gobierno surgido del golpe impulsó cambios de alcance histórico. La elección de una Asamblea Constituyente en 1946 y la Constitución de 1947 establecieron el sufragio universal, directo y secreto para la elección presidencial. En diciembre de 1947, Rómulo Gallegos fue elegido presidente en una votación masiva. El informe de inteligencia estadounidense de 1958 —una fuente oficial contemporánea, aunque escrita desde los intereses de Washington— registra a Gallegos como ganador de una elección que considera aparentemente libre y cifra su resultado en 75 por ciento.

El salto electoral fue real y cuantificable. La elección presidencial del 14 de diciembre de 1947 amplió la participación mediante sufragio universal, directo y secreto. Rómulo Gallegos obtuvo una mayoría de alrededor de tres cuartas partes de los votos, según la compilación de Fundación Empresas Polar. AD obtuvo además una mayoría muy amplia en el Congreso. Estos resultados acreditan una transformación democrática importante; también abren una pregunta legítima sobre cómo se gobernó con esa concentración de poder.

Los juicios de responsabilidad civil y administrativa contra funcionarios anteriores formaron parte de la campaña anticorrupción de la Junta. Doug Yarrington documenta las facultades amplias del jurado y las tensiones entre recuperación de fondos, defensa e interés partidista. La crítica al procedimiento no requiere absolver colectivamente a todos los acusados; exige preguntar cómo se probaba cada responsabilidad.

El golpe del 24 de noviembre de 1948 derrocó al presidente electo Gallegos y puso fin a la experiencia constitucional de ese período. La secuencia no autoriza a decir que 1945 «causó» por sí solo el autoritarismo posterior: sí obliga a considerar cómo la intervención militar que hizo posible el cambio también normalizó a los cuarteles como árbitros del poder. El balance democrático debe mirar tanto las instituciones que se abrieron como las condiciones que permitieron cerrarlas.

Qué queda para una república

La lección para MVGA no es que la democratización gradual siempre sea suficiente ni que toda movilización popular sea ilegítima. Es que el fin invocado no borra los medios. Un proyecto que pretende reconstruir la república debe exigir elecciones competitivas, límites efectivos a los gobernantes, control civil de la fuerza armada y derechos de oposición que protejan también a quienes no comparten su programa.

El 18 de octubre merece dos juicios simultáneos: la apertura del sufragio universal fue una conquista democrática de enorme importancia; el derrocamiento de Medina fue una ruptura del orden constitucional y reintrodujo a los militares como protagonistas del poder. Sostener ambas verdades no es equidistancia. Es negarse a que la memoria de partido decida por anticipado qué hechos cuentan.

Fuentes y referencias

  • Manuel Caballero, «18 de octubre de 1945», Diccionario de Historia de Venezuela, Fundación Empresas Polar.
  • Nora Bustamante Luciani, «Medina Angarita, Isaías, gobierno de», Diccionario de Historia de Venezuela, Fundación Empresas Polar.
  • Steve Ellner, «Venezuela», en Latin America between the Second World War and the Cold War, Cambridge University Press, pp. 147–169.
  • Departamento de Estado de Estados Unidos, telegrama del embajador Frank P. Corrigan sobre el primer decreto de la Junta, 21 de octubre de 1945, FRUS 1945, vol. IX, doc. 1163. Fuente primaria de lo que la Junta anunció, no verificación de su desempeño posterior.
  • «Public Opinion and Modernity in Venezuela's Anti-Corruption Trials, 1945–8», Journal of Latin American Studies, artículo académico.
  • Fundación Empresas Polar, «Las elecciones de 1947», con desglose de resultados presidenciales y composición del Congreso.
  • La Palabra Compartida, episodio #2, «Golpe de Estado a Medina Angarita», y episodios #21–23, «El Trienio Adeco», transcripciones IDs 044–047 del archivo de MVGA. Son fuentes para localizar argumentos y materiales citados, no validación automática de acusaciones.
Volver arriba ↑