Ilustración editorial para El empleo y el carnet: la dependencia que denunciaba Renny

La libertad que se pierde en la oficina

El clientelismo rara vez necesita explicarse como una doctrina. Se aprende cuando alguien descubre que su solicitud avanza mejor acompañada de una recomendación partidista. También cuando comprende que un ascenso depende de asistir a un acto o que discrepar puede perjudicar a su familia. La dependencia política se instala dentro de decisiones que deberían reconocer capacidad, necesidad o un derecho.

En el discurso de campaña conservado por La Nueva Enciclopedia, Renny Ottolina vinculó la dignidad del trabajador con la posibilidad de vivir sin someterse a una bandera partidista. La transcripción es imperfecta; aquí interesa el mecanismo que denuncia, no convertir sus expresiones o cifras retóricas en un registro estadístico de todo el empleo venezolano.

El salario como instrumento de obediencia

La relación se vuelve especialmente grave cuando el empleador es el Estado. El presupuesto pertenece a la sociedad, pero el intermediario puede presentarse como quien concede el puesto. Lo público adquiere entonces un propietario informal: el dirigente que decide quién entra, quién espera y quién debe agradecer. Un derecho se vive como favor y la gratitud se cobra en conducta política.

La maquinaria no necesita controlar todas las oportunidades para producir ese efecto. Basta con que una cantidad importante de personas crea que perder su protección significa quedar fuera. Esa expectativa puede desalentar la crítica y convertir la supervivencia familiar en argumento para obedecer. La inseguridad del ciudadano alimenta la seguridad del intermediario.

Del partido distribuidor al ciudadano autónomo

La crítica de MVGA al socialismo y al rentismo apunta a esa concentración de dependencia. Cuantas más decisiones sobre ingreso, trabajo, crédito y acceso pasan por una administración discrecional, mayor es el poder de quien la ocupa. Una política que se presenta como protectora puede terminar fabricando las condiciones para que nadie se atreva a prescindir de ella.

El chavismo llevó la identificación entre asistencia y fidelidad a formas especialmente agresivas. Examinar ese proceso exige preguntar qué prácticas anteriores facilitaron la aceptación del favor partidista. No se trata de igualar todos los gobiernos, sino de identificar una continuidad que una oposición puede conservar si su horizonte sigue siendo repartir mejor desde el mismo centro de poder.

El trabajo no puede exigir una profesión de fe

Romper esa relación requiere concursos y criterios conocidos para el empleo público, protección frente a represalias y oportunidades productivas fuera de la administración. Son propuestas contemporáneas que MVGA extrae de la pregunta de Renny. La autonomía no nace de prohibir opiniones a los empleados: nace de impedir que una opinión determine su derecho a trabajar.

Un ciudadano puede apoyar a un partido por convicción. Lo que no debería hacer es afiliarse por miedo a perder el salario. Esa diferencia define la distancia entre representación y tutela. Recuperar a Renny obliga a defender algo elemental: el trabajador debe poder agradecer su empleo a su capacidad y a reglas conocidas, sin sentir que el sustento de su casa tiene dueño político.

Fuentes y referencias

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