Ilustración editorial para Ganar elecciones no es saber gobernar

Dos capacidades diferentes

Organizar una campaña requiere movilizar, comunicar y conseguir apoyos. Administrar un país exige, además, conocer problemas, seleccionar equipos, ejecutar decisiones y corregir errores. Confundir ambas capacidades ha permitido que la victoria electoral funcione como certificado universal de competencia. El partido gana y supone que todos sus cuadros han adquirido, con el resultado, aptitud para cualquier responsabilidad.

Renny Ottolina atacó esa confusión en su discurso de campaña. Contrapuso la habilidad de los partidos para ganar elecciones con su desempeño al gobernar. El archivo permite reconocer con claridad el argumento, aunque su transcripción automática no autoriza a fijar cada palabra como cita exacta. Su crítica apunta a una selección de dirigentes orientada al triunfo de la organización antes que al funcionamiento del país.

El premio y la responsabilidad

Un ministerio entregado como recompensa de campaña recibe una misión implícita: devolver favores. El problema no consiste en que un militante ocupe un cargo. Consiste en que la pertenencia sea suficiente y que nadie tenga que demostrar conocimientos, objetivos o resultados. El puesto se transforma en una estación de la carrera interna del partido y la administración pasa a financiarla.

La gestión se vuelve secundaria cuando el criterio de permanencia es mantener contentos a los aliados. Los servicios fallan, pero el funcionario conserva su posición porque controla una región o una corriente. La responsabilidad pública queda sustituida por una contabilidad de lealtades. Entonces el gobierno puede estar unido mientras el país permanece desatendido.

La oposición también debe demostrar capacidad

Después de una experiencia destructiva, es comprensible que muchos ciudadanos concentren su esperanza en sacar al gobernante. Esa urgencia no dispensa del examen a quienes aspiran a reemplazarlo. Haber sufrido persecución, haber ganado notoriedad o haber conseguido respaldo exterior no acredita por sí solo un equipo capaz de reconstruir justicia, seguridad, infraestructura y economía.

MVGA sostiene que la crítica al chavismo pierde profundidad cuando termina en una entrega anticipada de confianza a otra maquinaria. La socialdemocracia venezolana debe responder por su relación con el Estado repartidor y por la selección de administradores que produjo. Una alternativa no se demuestra repitiendo que es alternativa: debe explicar qué sabe hacer y cómo podrá exigírsele que lo haga.

Profesionalismo sin gobierno de iniciados

Pedir competencia no significa entregar el país a especialistas que no respondan ante nadie. Las decisiones técnicas incluyen prioridades y costos que deben discutirse públicamente. Un buen equipo necesita conocimientos y también capacidad para explicar sus decisiones. El ciudadano conserva el derecho de cuestionarlo aunque no tenga el título profesional del ministro.

La elección legitima el acceso al gobierno dentro de reglas; no vuelve acertadas todas sus decisiones. Renny permite recuperar esa distinción sin despreciar el sufragio. Venezuela necesita dirigentes que puedan ganar una elección y después someterse a una exigencia más difícil: producir resultados, admitir errores y entregar el cargo cuando su desempeño no justifique conservarlo. El aplauso de campaña no puede seguir siendo una licencia de incompetencia.

Fuentes y referencias

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