
La presidencia como empleo público
La política venezolana convirtió la presidencia en una promesa de salvación. El candidato debía resolverlo todo, repartirlo todo y encarnar al país. Quien aspiraba al cargo ofrecía más capacidad de intervención y encontraba un público acostumbrado a pedirle al poder lo que ese mismo poder había impedido conseguir por cuenta propia. Renny Ottolina introdujo una pregunta distinta: cuánto poder debía perder el presidente para que el ciudadano pudiera vivir con dignidad.
En el discurso de campaña de 1978 conservado por La Nueva Enciclopedia, Renny presentó la presidencia como un empleo y defendió reducir la concentración de facultades en el Ejecutivo. La transcripción tiene errores de reconocimiento; aquí recogemos el argumento sin reconstruir una cita literal. Su importancia está en el cambio de relación: el gobernante trabaja para una sociedad que conserva derechos frente a él.
El límite se mide cuando incomoda
Un presidente puede hablar de libertad mientras decide nombramientos, presiona tribunales y distribuye oportunidades. Por eso una declaración de buenas intenciones vale poco si el ciudadano continúa dependiendo de una llamada del despacho presidencial. El límite empieza a existir cuando una institución puede frenar una decisión del mandatario sin pedirle permiso y sin perder por ello sus recursos o sus funcionarios.
La crítica de Renny conecta la dignidad del individuo con la independencia judicial. No basta con que la Constitución enumere poderes separados. Si la carrera de un juez depende de la complacencia con quienes gobiernan, el ciudadano encuentra una extensión del Ejecutivo donde esperaba encontrar una defensa. La separación institucional debe tener consecuencias prácticas para quien manda.
La herencia que una oposición puede conservar
Una oposición puede denunciar al presidente de turno y desear para sí exactamente sus atribuciones. En ese caso la alternancia cambia beneficiarios mientras conserva la subordinación. Esta es una de las preguntas que MVGA dirige a las tradiciones socialdemócratas venezolanas: qué controles están dispuestas a aceptar cuando ellas administren el presupuesto y ocupen los ministerios.
El chavismo agravó la concentración del mando y la presentó como voluntad popular. Su derrota no convierte automáticamente en republicano a cualquier aspirante a sucederlo. Un proyecto que pide confianza ilimitada porque ahora gobernarán personas buenas está reclamando la misma dependencia con otra justificación. La libertad requiere reglas que funcionen también cuando el presidente se considere indispensable.
Una propuesta que debe llegar a las reglas
Traducir la inquietud de Renny al presente exige discutir nombramientos judiciales, publicidad del gasto, fiscalización y límites a la discrecionalidad administrativa. Son aplicaciones de MVGA, no un programa detallado que atribuimos retrospectivamente a su candidatura. Lo decisivo es reconocer quién puede revisar una decisión y qué ocurre si el gobernante desobedece ese control.
La pregunta final para un candidato debería ser incómoda: qué dejará de poder hacer cuando gane. Si solo ofrece más instrumentos para dirigir la vida ajena, su promesa de reconstrucción mantiene intacto el problema. Recuperar a Renny significa volver a esa exigencia: una presidencia suficientemente capaz para cumplir sus funciones y suficientemente limitada para que Venezuela no vuelva a pertenecerle.
Fuentes y referencias
- Renny Ottolina · Discurso de campaña de 1978 · archivo de La Nueva Enciclopedia
- La Palabra Compartida #17 · Renny Ottolina, El Candidato
